domingo, 12 de septiembre de 2010

Historias Minimas







En Capadoccia nos contaron esta historia que une la distancia entre el siglo 15 antes de Cristo y nuestros días.



En la zona del río Jariz, extendía su reino el famoso Rey Midas. Aparentemente este buen hombre, gestiono ante los Dioses el don de enriquecer a su pueblo, transformando lo que tocaba con sus manos en oro. Tiempo después se dio cuenta que no podía tener sentimientos ya que su mujer, su hija y todo lo que quería, al tocarlo se transformaba en estatua dorada. Hablo con los Dioses, explico su error y como había actuado de buena fe, le permitieron volver atrás y perder ese don. Para eso, tuvo que lavarse las manos en el río Jariz, que hoy es la segunda reserva de oro del mundo.






Apenas llegados a Estambul, caminando como locos, encontramos al atardecer una librería vieja. En la desaparición de demostrar nuestro amor al equipo, entramos a comprar un marcador indeleble para escribir la bandera.



Imaginense nuestras limitaciones no solo con el turco sino también con el ingles, para pedir un marcador indeleble textil.



Revisamos todos los estantes mientras que se acerca un turco petiso, gordito y con una sonrisa y en perfecto castellano, nos dice "si, ese es textil". Mirada de asombro y alivio nuestra y el señor nos explica que su familia vino de España hace 500 años y que es tradición familiar seguir hablando el castellano dentro de la casa.









Otra lucha importante, fue la de ocupar la cabecera detrás del aro en los partidos nuestros. Había un pequeño grupo con entradas ahí, ya que como eran las mas baratas, todos habíamos elegido una zona mejor. Sin embargo, ahí teníamos que estar.



EL primer partido, no hubo problemas, entramos y listo, poniendo nuestra mejor cara de extranjero que no entiende el idioma. Después se complico, pusieron vallas y doble cordón de policía mas el control de entrada, la única solución fue la de pasarse la entrada. Así que los que tenían esa zona, pasaban el ticket varias veces, así que al final esos papeles habían dado tantas vueltas que estaban mareados.



Nuestros amigos españoles se asombraban de como habíamos podido organizarnos de esa manera para cumplir el objetivo.



En el partido contra Rusia, nos preguntaban: Argentinos, pasen nomas, vengan directamente a esta zona!!!!









Ultima, cuando cruzamos a Asia, subimos a un tranvía, muy viejo, de madera y chiquito. No teníamos idea de como pagar el pasaje ni de cuanto valía. Como siempre, mis compañeros me mandaron adelante a hablar quien sabe de que manera con el conductor. Obviamente, había que tener algo parecido a un subtepass pero metálico (como un destapador). El motorman, al ver mi cara de no entender nada, se compadecio, me pidió 3 liras y se las dio a otro pasajero para que pasara su tarjeta y así poder llevarnos.









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