Hace un par de días que estamos recorriendo Estambul. Con mapa en mano y desorientados por definición, salimos a caminar apenas llegamos desde Kayseri. Esta es una ciudad distinta a las que conocía. En principio, esta ubicada en dos continentes, incluye dos religiones aunque por constitución es laica, tiene una parte antigua y otra moderna. En definitiva, tiene lo mejor de dos mundos distintos. Europa y Asia.
Pero por encima de todo, tiene gente que vive, come, transpira en la calle. En ningún lado vi esto de estar en la calle como en Estambul. Comer, vestirse, rezar son apenas unas de las pocas cosas que la gente hace. Si además, le agregamos los millones de turistas que transpiran sus calles se construye un enorme movimiento cultural que es capaz de asombrar al mas viajado.
Caminar por Estambul es embuirse en un mundo de colores, olores e idiomas que solo permite asombrarse a cada paso, pero que nos da una fina idea de como se vive la calle.
Las 6000 mezquitas, La Iglesia de Santa Sofia (mayor monumento cristiano después de San Pedro), el Estrecho del Bosforo, los mares, los palacios de los Sultanes mas todo el contenido no habitual a nuestras costumbres nos transforman en observadores incapaces de racionalizar todo lo que estamos viendo.
Y como si fuera poco, durante la noche explotan otras zonas de la ciudad y miles de bares, restaurantes y discotecas invitan a pasar un buen momento.
En todo hay un común denominador, gente consumiendo, gente caminando, gente yendo y viniendo alguna parte, es decir gente viviendo.
Si hubiera un aparato que indicara el consumo de energía, Estambul estaría dentro del top five.
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